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Obras de Eduardo Arroyo Rodríguez

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Eduardo Arroyo Rodríguez nace en Madrid en  1937 es un pintor español de estilo figurativo vinculado al pop art. Clave de la nueva figuración española, Arroyo cobró protagonismo en el circuito artístico nacional tardíamente, a partir de los años 80, tras un alejamiento de dos décadas forzado por el régimen franquista. Actualmente, sus obras cuelgan en los más reputados museos españoles y su creatividad se extiende a las escenografías teatrales y las ediciones ilustradas.

En 1963 expone en la III Bienal de París, formando parte del grupo L’Abbatoir.  Su oposición al régimen franquista queda manifiesta en esta muestra y en la realizada, en el mismo año, en la galería Biosca de Madrid  que sería clausurada poco después de su inauguración.  Dos años después, participa en París en la muestra 25 años de paz  en oposición al XXV aniversario del franquismo. Durante esos años, otras de sus preocupaciones es la polémica entre el compromiso político del arte y la vanguardia. Nacen las serie Vivir y dejar morir o el fin trágico de Marcel Duchamp (1965) y Miró rehecho (1966). Su obra se integra de lleno en el movimiento Pop de connotaciones americanas y matices narrativos con un rico vocabulario iconográfico que le permite satirizar y criticar la cultura, la política y la sociedad de su época.

Eduardo Arroyo Rodríguez nace en Madrid en  1937 es un pintor español de estilo figurativo vinculado al pop art. Clave de la nueva figuración española, Arroyo cobró protagonismo en el circuito artístico nacional tardíamente, a partir de los años 80, tras un alejamiento de dos décadas forzado por el régimen franquista. Actualmente, sus obras cuelgan en los más reputados museos españoles y su creatividad se extiende a las escenografías teatrales y las ediciones ilustradas.


En 1963 expone en la III Bienal de París, formando parte del grupo L’Abbatoir.  Su oposición al régimen franquista queda manifiesta en esta muestra y en la realizada, en el mismo año, en la galería Biosca de Madrid  que sería clausurada poco después de su inauguración.  Dos años después, participa en París en la muestra 25 años de paz  en oposición al XXV aniversario del franquismo. Durante esos años, otras de sus preocupaciones es la polémica entre el compromiso político del arte y la vanguardia. Nacen las serie Vivir y dejar morir o el fin trágico de Marcel Duchamp (1965) y Miró rehecho (1966). Su obra se integra de lleno en el movimiento Pop de connotaciones americanas y matices narrativos con un rico vocabulario iconográfico que le permite satirizar y criticar la cultura, la política y la sociedad de su época.


A finales de los sesenta, trabaja en proyectos escenográficos al lado de  Klaus Grüber. En 1973 regresa a París y, al año siguiente, viaja a Valencia donde es detenido y expulsado de España. A partir de entonces y desde la visión de un refugiado se hacen obsesivos los temas del exilio. En 1976, el fallecimiento de Franco le permite regresar a la Península y comenzar una nueva etapa artística. El reconocimiento de su obra se hace patente con el Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura (1982) o el título de Caballero de las Artes y las Letras concedido por el gobierno francés y en las numerosas retrospectivas de su obra como las celebradas en la Biblioteca Nacional de Madrid, en el Centro Pompidou de París o la del Museo Guggeheim de Nueva York.

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